A todos nos ha pasado alguna vez que vamos a decir una palabra y decimos otra, lo cual generalmente no nos trae consecuencias porque, o bien nosotros mismos nos percatamos inmediatamente del lapsus y corregimos, u otra persona nos hace la observación oportunamente y la equivocación queda subsanada. Sin embargo, hay casos en los que ni nos damos cuenta del error, ni nadie nos lo advierte en ese momento. Y eso precisamente fue lo que le pasó a la abogada protagonista del caso que a continuación traemos a esta columna.
La apoderada de una empresa que había sido condenada en primera instancia en un proceso ordinario laboral, se disponía a apelar la sentencia que afectaba ostensiblemente los intereses de su cliente, pues en su opinión el juez había incurrido en una serie de irregularidades que ameritaban la intervención de la Sala Laboral del Tribunal correspondiente. Seguir Leyendo...









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